Mi siguiente recuerdo con la cerveza (parece que hablo como si fuera una vieja), fue ya hace no tanto. Empecé a beberla, como casi todos los adolescentes, porque era barata y no me disgustaba el sabor. Pero desde que llegué a Escocia todo cambió. Ahora ME GUSTA la cerveza.
Hace un par de semanas fui a Londres para promocionar la cervecería para la que trabajo: Arran Brewery.
Una cervecería entre montañas, en la Isla de Arran, donde el ingrediente principal (agua) se puede encontrar en abundancia. Pero bueno, de la cervecería ya os hablaré mas adelante.
Una cervecería entre montañas, en la Isla de Arran, donde el ingrediente principal (agua) se puede encontrar en abundancia. Pero bueno, de la cervecería ya os hablaré mas adelante.
Lo que venía diciendo es que, en esta exhibición en la que participaban diferentes cervecerías americanas y de Reino Unido, a casi todos les parecía asombroso verme ahí y no se cuántas veces me preguntaron si me gustaba la cerveza. Hasta que llegó un punto en el que me empezó a mosquear.
¿Qué pasa? ¿Cómo soy negra... digo, mujer, no me puede gustar la cerveza?
Es la bebida más antigua y con más historia que, desde sus orígenes, fue elaborada por mujeres.
La cerveza se trataba de una fuente más de alimento por lo que mietras los hombres cazaban, ellas cocinaban y hacían cerveza que bebían tanto mujeres, como hombres e incluso niños.
Más adelante, durante la Edad Media, seguían siendo las mujeres quienes la producían y distribuían (bueno, y los monjes), pero esta vez para colmo, eran acusadas de brujería y sacrificadas.
Pues por ejemplo, cuando les sobraba, iban al mercado con sombreros puntiagudos para ser más vistas.
Esta bebida solía elaborase en las casas así que, con la Revolución Industrial llegó el momento de producir cerveza a gran escala, lo que significó la desaparición de las mujeres en esta industria.
Nosotras no podíamos obtener préstamos ni tampoco poseer nuestros propios bienes. No podían tener su propia cervecería, pero tampoco trabajar fuera de casa.
Nosotras no podíamos obtener préstamos ni tampoco poseer nuestros propios bienes. No podían tener su propia cervecería, pero tampoco trabajar fuera de casa.
Resumidamente, fue así como los hombres nos apartaron de ese mundo al que curiosamente hoy en día, somos cada vez más y más las mujeres que nos vamos introduciendo.
Me atrevería a decir que a todas nos gusta, esos si, una buena cerveza. Se trata de encontrar tu tipo. Lo llevo viendo en estos últimos meses; hasta la que está convencida de que no le gusta la cerveza porque piensa en ese sabor amargo, la prueba y se sorprende de que en realidad si que le gusta.
En mi caso, sinceramente, no tenía ni idea de qué era el lúpulo, ni de en qué se diferenciaban una lager de una ale, qué era una IPA, se me mezclaban los términos en español y en inglés... pero tengo un buen educador en esto de la cerveza que hace que se vuelva contagioso. Probando, probando, más me va gustando y me río de mi misma al diferenciar aromas, sabores, texturas y colores al degustar una cerveza.
Así que la respuesta es SI, me gusta la cerveza.
A las mujeres nos puede gusta la cerveza igual que a vosotros, así que por favor, dejad de hacernos esa estúpida pregunta.
Taimyr.



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